Son las dos y no puedo dormir. Qué frustrante es no poder hacerlo. No me suele pasar a menudo, pero hoy me ha sobrevenido el insomnio sin avisar. No tengo nada en lo que pensar que me haga dormir. Todo lo que se me ocurre produce en mi cabeza un estado de aceleración sobrehumano. ¿Qué haces tú cuando no puedes dormir? Seguro que tienes la receta mágica para poder cerrar los ojos y soñar con cosas inimaginables aquí, en nuestro universo. Pero yo no tengo ni idea de lo que hacer, y ni siquiera te conozco. No puedo preguntarte, no puedes salvarme la noche. No puedes salvarme la vida. No existes, aún no. Sólo puedo crearte en mi imaginación, pero eso me hace perder el sueño, y hoy no me lo puedo permitir. Te imagino amable e inalcanzable, con los ojos tristes y las manos calientes, para calentar las mías. Me escribirías frases para que yo pudiera guardarlas en mi caja de cosas que recordar. Y me llevarías a tomar un helado de coco. Porque tú me mirarías como nadie lo ha hecho nunca y sabrías lo que siento antes que yo. Pero eso nunca ocurrirá, porque lo pienso, lo idealizo y provoco que no exista. Ayúdame a dormir y a dejar de pensar en ti. Por favor…
miércoles 25 de noviembre de 2009
martes 27 de octubre de 2009
Mis (tus) Ojos
Parece que apareces entre las nubes de algodón repletas de lágrimas. Lo siento. Sólo es un sueño. En realidad nunca apareces. Sólo desapareces. Pero cada vez que lo haces pasa algo en mis ojos. Creo que se pierden en recuerdos o en expectativas, ya no los distingo. Ellos piensan que es lo mejor, buscar aquello que los hace felices en mundos inexistentes e infinitos. Yo no estoy de acuerdo, pero son dos y yo, sólo soy media. Me controlan y me llevan a verte, a perderme en tus olas que me dejan en la orilla al final de la noche, sola, desnuda, con los ojos rasgados. Ellos sufren. Yo ya no. He aprendido a aceptar el dolor y a no esperar la felicidad. Cosas de la vida.
Pero cuando se cierran de nuevo, siguen inventando sin descanso escenas imposibles aquí, posibles allí... Quiero abandonarlos, pero no me dejan, me tienen sujeta de pies y manos, con el corazón amordazado y la boca llena de palabras.
Y tú allí, parado, con tus ojos observándome, con tu gran sonrisa, alegrándote de verme así, cubierta de escarcha, de verte así, cubierto de miel.
Pero cuando se cierran de nuevo, siguen inventando sin descanso escenas imposibles aquí, posibles allí... Quiero abandonarlos, pero no me dejan, me tienen sujeta de pies y manos, con el corazón amordazado y la boca llena de palabras.
Y tú allí, parado, con tus ojos observándome, con tu gran sonrisa, alegrándote de verme así, cubierta de escarcha, de verte así, cubierto de miel.
lunes 12 de octubre de 2009
Te veo desde la ventana de mi habitación. Estás sentado en el banco azul del jardín. Tienes un pequeño libro en tus manos. Lo abres por el final. No te conozco, pero ya sé que te quiero. Lees la última página y vuelves al principio. Llevas un sombrero. Nadie lleva hoy sombrero, pero tú sí. Me gusta la gente diferente. Un perro se acerca a tus pies, calzas unas zapatillas como las mías. Quiero creer en la casualidad. Dejas el libro a un lado y acaricias al enorme perro blanco con una ternura irrefrenable. Sigues con tu libro, pero pareces impaciente. Seguro que esperas a alguien. Pasan las horas, pero nadie viene. Pienso que puede ser mi oportunidad. Bajaría a conocerte, pues me he enamorado de ti irremediablemente. Me arreglo un poco el pelo y me asomo por última vez para comprobar que no te has ido. Bajo las escaleras tan rápido que apenas puedo respirar. Abro la puerta y respiro hondo. El Sol se está poniendo. Ahora o nunca, -pienso. Cruzo la calle y entro al jardín. Aún no veo el banco azul. Me acerco sigilosa, con el corazón en un puño. Estoy lista pero tú ya no estás. No has podido irte muy lejos, apenas han pasado cinco minutos. Corro a buscarte. De repente, un gran estruendo. Mi corazón roto en mil pedazos.
martes 22 de septiembre de 2009
Vuelos Internacionales
“Señores pasajeros el vuelo 4523 con destino a París va a efectuar su salida en cinco minutos. “
Idas y venidas. Subidas y bajadas. Frio y calor. Ilusión desmesurada corre por los aeropuertos. Llantos sinceros se esconden tras los cristales. No todos los viajes son turísticos. No todos son por negocios. Pero la gente sale, coge aviones, recorre el mundo. Solos. Acompañados.
Puede suceder de todo en un viaje: Puedes enfermar, puedes triunfar, fracasar, disfrutar o sufrir. Puedes enamorarte. O no.
Los viajes me hacen pensar. A otros les da por hacer fotos. Yo prefiero vivir los momentos. Soy más de presente que de futuro. Soy más de pasado que de presente.
Imaginé por un instante que mi mitad podía encontrarse allí. Ilusa yo, lo sé. Lo que me llevó a pensar que posiblemente, también podría estar en Londres, en Tokio, en Nueva York, en la Habana, en Marruecos o en Dublín. Que fuera negro, blanco o amarillo. Que hablara alemán, inglés o mandarín. Que no estuviera en Murcia, ni en España. Que no estuviera aquí.
¡Horror!-Pensé. La suerte no suele acompañarme y la esperanza a agotado ya sus límites. Quizá nunca conozca a la persona que deba amar.
Quizá nuestras manos estén en continentes distintos y ni siquiera la casualidad sea capaz de que coincidamos.
Idas y venidas. Subidas y bajadas. Frio y calor. Ilusión desmesurada corre por los aeropuertos. Llantos sinceros se esconden tras los cristales. No todos los viajes son turísticos. No todos son por negocios. Pero la gente sale, coge aviones, recorre el mundo. Solos. Acompañados.
Puede suceder de todo en un viaje: Puedes enfermar, puedes triunfar, fracasar, disfrutar o sufrir. Puedes enamorarte. O no.
Los viajes me hacen pensar. A otros les da por hacer fotos. Yo prefiero vivir los momentos. Soy más de presente que de futuro. Soy más de pasado que de presente.
Imaginé por un instante que mi mitad podía encontrarse allí. Ilusa yo, lo sé. Lo que me llevó a pensar que posiblemente, también podría estar en Londres, en Tokio, en Nueva York, en la Habana, en Marruecos o en Dublín. Que fuera negro, blanco o amarillo. Que hablara alemán, inglés o mandarín. Que no estuviera en Murcia, ni en España. Que no estuviera aquí.
¡Horror!-Pensé. La suerte no suele acompañarme y la esperanza a agotado ya sus límites. Quizá nunca conozca a la persona que deba amar.
Quizá nuestras manos estén en continentes distintos y ni siquiera la casualidad sea capaz de que coincidamos.
jueves 27 de agosto de 2009
Hay días en los que toca pensar. No se sabe cómo, pero llegan a tu vida y acaban con mucho más de lo que puedas imaginar. Algo cambia de color, de textura, incluso de estado, y entonces, tus ideas revolotean como mariposas allá donde queda tu cabeza. Pero tú sigues ahí, distante, cansado de pasar tanto e intentas obviar lo que ocurre en tu interior. Es más fuerte que tú, te invade de manera imperceptible, pero lo hace, y entonces ya no puedes dejar de pensar. ¿Por qué? Pensar no es bueno. Después de toda una vida haciéndolo, he comprobado que no sirve absolutamente para nada. Mentira. Sirve para una cosa, para evitar ser feliz. Sí, la infelicidad te envuelve cuando tu mente empieza a maquinar como si de un ordenador se tratara. Te vuelves sensible, frágil, indefenso. Y no hay nada ni nadie que te pueda ya sacar del agujero en el que has caído. Es un círculo vicioso que no acaba por más que quieras, que no te deja escapar. Pero tú, infeliz de ti, piensas que algún día podrás, que algún día, encontrarás el escondite de la lámpara maravillosa, pero no. Alguien se la llevó lejos un día, y no la devolverá jamás. Así que ahora que ya conoces el final de esta historia, intenta no empezarla, intenta no pararte nunca a pensar, porque el día que lo hagas, será tu final.
lunes 20 de julio de 2009
“En el fondo tienes el corazón triste” Es cierto, lo está. Puedo ser la persona más alegre del mundo, pero en realidad, mi corazón está roto en mil pedazos. Puede que el drama sea parte de mi vida. Puede que la tristeza sea un trozo indispensable de mi historia. “Hay personas que están hechas para ser tristes” Puede que yo sea una de ellas, una de esas personas tristes, con la mirada perdida que encuentras en el autobús y que te dan un poco de pena. Son ese tipo de personas que esperan tanto de la vida… (o tan poco) que nunca pueden llegar a ver completa su alma. No es fácil adaptarse a esa manera de ver la vida, es duro aceptar que por más que tengas todo lo que ansías, nunca, nunca, llegarás a ser feliz. Pero aún es más duro pensar que existe la felicidad, cuando es sólo una ilusión absurda creada por las novelas románticas y las películas de Hollywood. Si hay una cosa que aprender en la vida, es mejor aprenderla ahora, cuando todavía hay tiempo de remediar los llantos del corazón. Por eso te diré que no existe esa realidad mental que tanto idealizas, que tanto ansías, no existe, no se cumplirá jamás. Y jamás es una palabra que sólo se usa en situaciones extremas. Esta, es una de ellas. No existe la felicidad como la entendemos los mortales, no existe eso de “…y comieron perdices” No existe. Y no existirá por más que tú quieras imaginarla y escribirla o hasta rodarla. Es sólo ficción, y parece que aún no entiendes que las actrices son sólo un compendio de la mujer perfecta, de la realidad perfecta. Tú no eres una actriz, ni la protagonista de una novela, ni siquiera de un cortometraje. Eres una persona corriente, demasiado corriente como para destacar, y acabarás amargada, en un rincón, escribiendo todo aquello que anhelabas y que nunca conseguiste, por no conformarte con todo lo que te había dado la vida. Así que ahora, párate a pensar por un minuto lo que acurre en tu puta cabeza, y cállate, mándate callar durante horas, para que cuando hables, “tus palabras sean más bonitas que el silencio” y no te lleven a acabar con lo que podría ser el sueño de cualquier personaje de ficción: la vida real.
jueves 18 de junio de 2009
Posesivo Singular
El cielo violeta la cubría. La luz de la luna se reflejaba en sus lágrimas, al tiempo, escuchaba su canción favorita una vez tras otra. Comenzaba a odiarla, sin embargo, no le importaba, se trataba de uno de sus propósitos. Era su canción, un “su” plural, un “su” para dos. Pero esa noche, ese “su” volvía a ser, irremediablemente, singular. Poco a poco iba anocheciendo. A la misma vez, ella empeoraba, envejecía. No por fuera, por dentro. Su corazón parecía haber latido en exceso, su sangre estaba repleta de esa cosa llamada amor, pero un cáncer la invadía entera. Moría.
El cáncer del desamor. El peor que puede existir. Te va minando, día tras día. Nadie lo ve. Nadie te cree. Los médicos no saben cómo curarlo, sólo te dan la esperanza de que algún día, remita. Pero ves en sus ojos que no es verdad, que ya nunca se irá. Permanecerá en ti tanto tiempo que te agotará, y cuando acabe con tus fuerzas, ya no habrá nada. Nada. El cáncer sólo te da una tregua: el odio. Lo intentas pero no lo consigues. Cuando eso pasa, cuando no consigues odiar, sólo puedes hacer ya una cosa: morir…
El cáncer del desamor. El peor que puede existir. Te va minando, día tras día. Nadie lo ve. Nadie te cree. Los médicos no saben cómo curarlo, sólo te dan la esperanza de que algún día, remita. Pero ves en sus ojos que no es verdad, que ya nunca se irá. Permanecerá en ti tanto tiempo que te agotará, y cuando acabe con tus fuerzas, ya no habrá nada. Nada. El cáncer sólo te da una tregua: el odio. Lo intentas pero no lo consigues. Cuando eso pasa, cuando no consigues odiar, sólo puedes hacer ya una cosa: morir…
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